domingo, 7 de diciembre de 2014

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Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, 

y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, 

que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. 

Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años;

 era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, 

gran madrugador y amigo de la caza. 

Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, 

que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; 

aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se llamaba Quejana. 

Pero esto importa poco a nuestro cuento; 

basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad. 

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